Inspiración para perder peso: Dustin perdió 77 kg celebrando las victorias

La decisión espontánea que llevó a este hombre a perder peso

Me había acostumbrado a comer por impulso para olvidar las penas.

Dustin A.

San Francisco, California

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Consejos de Dustin

Desde el kínder, Dustin A. siempre había sido el gordito de la clase. "Cuando entré a secundaria, pesaba 155 kilos, y permanecí así hasta que la terminé, dice este director de desarrollo de una ONG de 35 años y residente del norte de San Francisco. "Era activo: jugaba tenis y hacía lanzamiento de disco y de bala, pero también comía mucho".

Después de graduarse, Dustin ganó más y más peso, llegando a los 225 kilos. "Cuando creces siendo el niño gordo y la gente se ríe de ti, aprendes a ser tolerante y a disimular tus emociones", explica. "Me había acostumbrado a comer por impulso para olvidar las penas".

Luego, hace unos ocho años, las cosas empezaron a cambiar para Dustin. "Me contrataron en Humane Society, y por primera vez me encantaba mi trabajo", comenta. "Empecé a apasionarme por algo que me abría los ojos de verdad. Este trabajo me daba un motivo para vivir, más allá de mí mismo".

Aunque Dustin tenía algo que le ilusionaba, no lograba que la báscula bajara. No fue sino hasta que se compró un coche hace tres años cuando las cosas empezaron a cambiar de verdad. "Iba a comprarme un sedán, pero me llamó la atención un pequeño convertible. Parecía muy divertido. Me senté dentro y por primera vez en mi vida me sentí increíble", dice. "Me lo compré y, aunque suene tonto decirlo, me subió la moral". En vez de pasarme el fin de semana viendo la tele y comiendo, Dustin empezó a ir en su convertible a la playa y a ser más activo. "No lo intenté, pero gracias a que me movía mucho más perdí 16 kilos", explica.

Sentirse bien con esa pérdida de peso inicial lo motivó a controlar su dieta. "Me di cuenta de que consumía fácilmente las calorías de todo un día en un solo almuerzo de comida rápida, y además devoraba una pizza entera en la cena, comenta. Dustin se propuso un objetivo: intentar consumir un máximo de 2 600 calorías al día. "Descubrí que había muchos alimentos de los que podía prescindir", dice. "Si quería pizza, por ejemplo, no echaba de menos los ingredientes como el queso o la carne".

Gracias a estos cambios, su peso siguió bajando. "Mi primer objetivo fue pesar menos de 180 kilos", dice. "Cuando alcancé los 179 estaba tan emocionado que me compré una báscula. No parece gran cosa, pero el hecho de poder subirme a ella y que me mostrara un número era algo especial para mí".

Listo para seguir midiendo sus éxitos, se compró un Fitbit Charge HR que le motivaría aún más a perder peso. "Solo daba de 5 000 o 6 000 pasos al día, y eso no era suficiente", explica. "Le subí a 10 000; después a 13 000, luego a 15 000 y ahora estoy en 20 000 pasos diarios".

Después de ocho meses Dustin bajó a 148 kilos, una pérdida de 77. "Una de las cosas más importantes para mí fue poder comprar un solo boleto de avión, mientras que antes necesitaba dos por mi tamaño", asegura. "Mi novia y yo fuimos a Italia por dos semanas en enero y fue estupendo. ¡Registré 25 000 pasos en un solo día!". Mejor aún que visitar Italia fue oír decir al médico que su diabetes e hipertensión estaban mejorando. "Mi médico se sorprendió mucho en mi última visita. Si llego a los 135 kilos, el médico revisará mi medicación y verá la que me puede quitar. Estoy impaciente".

VE TODO LO QUE GANAS

"Mientras ganaba peso no me daba cuenta de todo lo que no podía hacer, como caber en un asiento del cine", explica. "Pero cuando empecé a perder peso y pude ir al cine de nuevo, me alegré mucho".

NO TENGAS MIEDO DE COMER

"Si tenía hambre, comía, dice. "Aprendí a base de errores que si llegaba al punto de tener un apetito voraz terminaba atiborrándome de calorías sin darme ni cuenta. Ya no llego hasta ese punto".

METE MÁS PASOS EN TU RUTINA

"Si tenía hambre, comía, dice. "Aprendí a base de errores que si llegaba al punto de tener un apetito voraz terminaba atiborrándome de calorías sin darme ni cuenta. Ya no llego hasta ese punto".

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"Mientras ganaba peso no me daba cuenta de todo lo que no podía hacer, como caber en un asiento del cine", explica. "Pero cuando empecé a perder peso y pude ir al cine de nuevo, me alegré mucho".

NO TENGAS MIEDO DE COMER

"Si tenía hambre, comía, dice. "Aprendí a base de errores que si llegaba al punto de tener un apetito voraz terminaba atiborrándome de calorías sin darme ni cuenta. Ya no llego hasta ese punto".

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"Si tenía hambre, comía, dice. "Aprendí a base de errores que si llegaba al punto de tener un apetito voraz terminaba atiborrándome de calorías sin darme ni cuenta. Ya no llego hasta ese punto".

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